domingo, 15 de agosto de 2010

Alicia Genovese/ El persistente aroma de la olea fragans (Crítica a Emma Barrandéguy, Poesías Completas)



La aparición de la obra poética de Emma Barrandéguy amplía y completa el perfil de una escritora, prácticamente desconocida hasta poco antes de que se pudiese leer su impactante novela Habitaciones en 2002, cuando la periodista y escritora María Moreno posibilitó su publicación. Esa prosa con algo de ficción y algo de ensayo, mezclada de formas afines al género confesional como las memorias, el diario íntimo, las cartas, pero que también incluía pinceladas de construcción novelesca en un relato básicamente autobiográfico, instalaba una llamativa perspectiva narrativa. Establecía un fuerte contraste con aquello que, se suponía, una escritora podía escribir en los años 50, en la Argentina, ya que a esos años correspondía la escritura de Habitaciones y la edición llegaba con un retraso de casi medio siglo. Páginas increíbles, en un tono calmo y sensible, con una audacia natural para el discurso, impresas de una transgresión política y sexual que había permanecido en el blanco, en el espacio vacío de lo ilegible durante mucho tiempo. La cuidada edición de su obra poética, a cargo de Irene Weiss, instala ahora una poesía que ha estado ausente del medio literario (en la que una lectura fuera de época podría cometer los errores de la displicencia) y que tiene un recorrido muy amplio de más de sesenta años, con un momento de madurez y con muestras acabadas de logros poéticos.

[...]

En sus primeros libros, la sola mención de alguno de sus títulos “Lenin”, “Vida de peón”, “Primero de mayo”, así como la frecuente apelación a sus “camaradas” dentro del poema, dejan en claro la temática y la función política que asignaba entonces a la poesía. Su militancia lo corroboraba. No hay que olvidar que estuvo junto a Raúl González Tuñón, a quien admiraba, en la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores (AIAPE) en apoyo a los republicanos durante la Guerra Civil española. Ella misma dice refiriéndose a esa época “vagamente comprendía que esos poemas no llegaban al pueblo ni me acercaban a él” (Habitaciones, 37). Sin embargo, hay momentos en los primeros poemas que muestran de la mejor manera el salto aglutinante del que es capaz la descripción en el discurso poético cuando hay además o sobre todo una búsqueda de construcción poética, una escritura. En “Frigorífico”, por ejemplo, escrito en prosa dice:

Es día de matanza: me han llevado a mirar el frigorífico. Cámaras frías, olores y obreros […] El piso de cemento es un solo charco de sangre, agua, desperdicios donde resbalan mis botines de goma. […]
Y las reses se mueven.
Y es intensa la racionalización (58)

Lo descripto deja de ser mero objeto de observación y, en estas últimas frases, es lanzado a la crispación de la percepción poética.
En su segundo libro publicado: Las puertas, de 1964 (tómese en cuenta el salto temporal de casi treinta años desde su primer libro), aparece una zona notoria donde la temática amorosa la pone más claramente en relación con la poesía de Alfonsina Storni. Incluso uno de sus poemas se titula “Cancioncilla a la manera de Alfonsina”. Es constante, en este libro la presencia del interlocutor amoroso que forma parte de la retórica del poema de amor. “Qué inútil hacer noche/ junto a tu corazón que no me aguarda” (81) dice en un bello lamento. Pero en otros textos no deja de proyectar un ideal de pareja igualitaria, con respeto mutuo por el deseo del otro en “el camino del amor”:

Te entregaré el anillo que nos une
si no logro seguirlo […]
Y si tú me tocas antes el hombro
para decirme que te lo entregue
me pondré tu recuerdo entre las manos
y con él entibiaré los dedos (87)

En el mismo libro comienza a bosquejarse una zona que reaparecerá en otros poemas. Es una zona relacionada con la ocupación del espacio social por parte de una mujer donde la idea de orden y de caos aparecen frecuentemente convocadas en una compleja convivencia. Su contraposición crea un núcleo semántico relacionado con las elecciones previsibles para una mujer dentro de la vida convencional que la época le tiene reservada.

[...]

Dentro de la zona donde se desafían las convenciones previstas socialmente para una mujer podrían citarse otros poemas que agregan ideas, en su momento precursoras. En el poema “Posición de mujer” fechado en 1937, la voz poética sitúa lúcidamente la posición de una mujer frente a la escritura:

Contar con la segura independencia con que lo hacen los
[hombres
sería la alegría.
No puedo lograrlo desde este encastillado corazón de siglos.
[…]
[hablar] sin que nada sea falso, ni duro, ni desenfrenado,
sino apenas natural (245)

En la década del 70 la crítica literaria feminista anglosajona, de la que The Madwoman in The Attic fue un referente, se ocupó precisamente de esta obstaculización para escribir que actúa sobre una escritora desde el imaginario social. Sus autoras Gilbert y Gubbar, que específicamente se referían a las escritoras del siglo XIX, decían que los hombres tomaban la lapicera y construían la literatura entendida en una sucesión masculina de una manera natural. Una mujer en cambio percibía la propia escritura desde la alienación de su confinamiento social, debía sobreponerse a la naturaleza que para ellas reservaba la cultura. En este sentido de rebelión simbólica puede leerse un poema de E.B. que es cuestionamiento de esa tradición traspasada de madre a hija, que transmite y es perpetuadora de una moral estrecha para las mujeres. Dice:

Derrotemos a las madres
que crearon nuestros moldes estrechos.
Derrotemos todos los límites
y preparemos salvajemente el gozo (335)

[...]

Su vejez aparece como un punto de llegada en el tránsito de la desterritorialización, de la cual es prueba, al mismo tiempo que intento de revertirla, esta impecable edición de sus poesías completas, en su mayor parte inéditas, ordenada y prologada por la especialista Irene Weiss. En Emma Barrandéguy se personaliza la provinciana desterritorializada dentro de una ciudad en la que “parece que voy a desaparecer/ entre los salvavidas de los tranvías” o donde “hasta los eucaliptos de los parques parecen ya conocidos y humillados” (247-248). Es también un cuerpo desterritorializado y difícil de leer en su libertad sexual, al menos durante gran parte de la época que le toca transitar. Pero es sobre todo la escritora desterritorializada de una identidad social, la que llega con su obra completa prácticamente desconocida. Es casi imposible reinstalar esta obra sin tener en cuenta los valores simbólicos y políticos que aunque sea sordamente deben haber actuado en su contra.
Pero en definitiva, llega una poesía con paisaje y perfumes, con audacia al decir y construir las cosas que nombra, y eso es para ser festejado, nunca es un destiempo; llega con un aroma antiguo pero feroz y persistente, quizás así huela la olea fragans de su patio provinciano, una flor no muy común en los jardines actuales.

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