domingo, 15 de agosto de 2010

Alejandro Nicotra / La tarea a cumplir




Lágrima de la Virgen

Lágrima-de-la-Virgen:
todo y nada es verdad
pero yo traigo en mi mano, desde tu pómulo
―desde el día ya espectral del jardín―,
la flor de agua celeste
y tierno sol.



Apunte de marzo

Ante la ventana
casi irreal
el abismo
abierto por la hoja al desprenderse
del árbol―

y su vértigo claro.



Trino

La nieve de setiembre aún en la cumbre
y en el granado ya la flor.
Oyes el trino:

el que engarza en tu oído,
a manera de ilusorio zarcillo,
aria de resurrección.



Dijiste acequia

Y es así como llega
―mito aún de la infancia: desde sus montes―
a buscar un lugar en otro reino:
con trino y menta,
atravesando la aridez,
discurriendo por las sílabas claras,
venturosas.



Así es

Todo lo que ha escrito la noche
―astros, espectros―
lo borra el alba:
así establece una página abierta
a tu verdad.
Sin ayer ni futuro
soy su lector
y recito a media voz esta luz,
esta sombra instantánea.



Esquela

Quisiera hacer de este día
un objeto, puntual ―tal como un cántaro
o una lámpara:
el poema
que aparente ser sólo superficie
―pero que guarde
sin embargo (¿para cuál hora tuya?)
la llama, el agua fresca.



La tarea a cumplir

ella ha viajado
Pablo Anadón

Y ahora,
educar a la letra en el hábito
de estas cosas:
el cielo de los pájaros
que cruzan hacia Occidente;
la hoja que vacila sobre la acera;
la vidriera del bar y su hora traslúcida;
la avenida que corre a una plaza vacía;
la ventana que no duerme en la noche;
la ciudad sin tu pie.



Aire del Sur

Como un aire que viniera del Sur
ya llega el tiempo
de encender, en el páramo de la estufa

otro fuego de invierno
―y ahí arrojar
la brazada de poemas extintos:
para aguardarte así,
sólo llama en la hora desnuda,
Virgen-del-Frío.



Antes de la tormenta

La tormenta,
que avanza
y ha cubierto ya el ángulo
del sur:
pero los árboles,
sus hermanas menores del jardín,
las cazuelas con agua,
no mueven ni siquiera una hoja, una onda:

yo atiendo a esa quietud, como a un asunto
personal.



Córdoba

A Rodolfo Godino

Es verdad: otra vez se ha abierto el día.
Y allí están, es un don, la grata cumbre
azul y la ciudad
querida.

Córdoba
―que balbuce, otra vez, en su mañana
el poema posible.

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